Meditación



Meditación, Mindfulnes, contemplación, relajación, dejar la mente en blanco… Hay confusión respecto a estos conceptos. Trataré de aclarar, desde mi parecer, estas cuestiones.

La meditación estructurada tiene como finalidad minimizar el ruido mental. Aumentar la consciencia. Vivir más en el presente. Meditar no es pensar sobre las cosas, “meditaré sobre esto…”. Meditar es más parar, respirar y estar en el presente con lo que surja. Existe la meditación trascendental, zen, vipasana…etc. La meditación que yo conozco y practico es la meditación tipo zen. No es zen, pero se inspira en el zen. Trata de estar despierto y atento a lo que sucede AQUÍ Y AHORA. Ayuda a estar presente, algo que sabíamos hacer muy bien de niños pero que con el tiempo olvidamos…

Fragmento del libro tibetano de la vida y de la muerte Sogyal Rimpoche

La postura:

Siéntese, pues, como si fuera usted una montaña, con toda la majestad firme y serena de una montaña. Una montaña esta completamente cómoda y a gusto consigo misma, por fuertes que sean los vendavales que la azotan, por densos que sean los nubarrones que se arraciman en torno a su cumbre. Siéntese como una montaña y deje que su mente vuele y se eleve. 

En esta postura, lo más esencial es mantener la espalda recta, como «una flecha» o «una pila de monedas de oro». La «energía interior, o prana, podrá fluir entonces sin obstrucción por los canales sutiles del cuerpo, y la mente hallara su verdadero estado de reposo. No fuerce nada. La parte inferior de la columna tiene una curvatura natural; debe estar relajada, pero erguida. La cabeza ha de estar cómodamente equilibrada sobre el cuello. Los hombros y la parte superior del tronco aportan la fuerza y la gracia de la postura, y deben sostenerse con vigoroso aplomo, pero sin tensión. 

Siéntese con las piernas cruzadas. No es necesario que adopte la postura completa del loto, a la que se concede mayor importancia en la práctica avanzada del yoga. Las piernas cruzadas expresan la unidad de la vida y la muerte, de lo bueno y lo malo, de los medios hábiles y la sabiduría, de los principios masculino y femenino, de samsara y nirvana; el humor de la no dualidad. También puede preferir sentarse en una silla con las piernas relajadas, pero procure tener siempre la espalda recta. 

En mi tradición de meditación, los ojos han de estar abiertos: este es un punto muy importante. Si es usted sensible a las perturbaciones exteriores, cuando empiece a practicar puede favorecerle cerrar los ojos un rato y volverse calladamente hacia su interior. Una vez se sienta establecido en la calma, abra gradualmente los ojos y comprobara que su mirada se ha vuelto mas sosegada y tranquila. Ahora mire hacia abajo, siguiendo la linea de la nariz, en un ángulo de unos 45 grados ante usted. Un consejo practico: en general, cuando la mente está inquieta, es mejor bajar la mirada, y cuando esta entorpecida y somnolienta, subirla. 

Cuando su mente este serena y empiece a surgir claridad de la percepción, se sentirá en libertad de alzar la mirada, abriendo más los ojos y contemplando el espacio que hay directamente ante usted…

Así pues, no enfoque la vista sobre nada en particular; vuélvase en cambio ligeramente hacia usted mismo y deje que su mirada se extienda y se vuelva cada vez más amplia y espaciosa. En ese momento descubrirá que hay más paz y compasión en su mirada, más ecuanimidad, más aplomo. 

Existen varias razones para mantener los ojos abiertos. Con los ojos abiertos es menos probable que se duerma. Además, la meditación no es una manera de evadirse del mundo ni huir de el hacia una experiencia de trance o un estado alterado de conciencia. Por el contrario, es un camino directo que nos ayuda a comprendernos verdaderamente a nosotros mismos y a relacionarnos con la vida y el mundo. 

Por consiguiente, durante la meditación mantenga los ojos abiertos, no cerrados. En lugar de excluir la vida, permanece usted abierto y en paz con todo. Deje abiertos todos sus sentidos —el oído, la vista, el tacto— con naturalidad, tal como son, sin aferrarse a sus percepciones. Vea lo que vea, oiga lo que oiga, déjelo estar sin aferrarlo. Deje el oir en el oir, deje el ver en el ver, sin permitir que el apego intervenga en la percepción. 

Cuando medite deje la boca ligeramente abierta, como si fuera a exclamar un profundo y relajante «Aaaah». Según se dice, al mantener la boca ligeramente abierta y respirar principalmente por ella es menos probable que surjan los «vientos karmicos» que originan los pensamientos discursivos y crean obstáculos en la mente y la meditación. 

Deje que las manos reposen cómodamente sobre las rodillas. Esta postura se llama la de «la mente en comodidad y reposo». 

«Observar» la respiración. 

El método es muy antiguo y se encuentra en todas las escuelas del budismo. Consiste en dejar que su atención repose, ligera y atentamente, en la respiración. 

La respiración es vida, la expresión mas básica y fundamental de nuestra vida. En el judaísmo, ruah, el aliento, es el espíritu de Dios que inspira la creación; en el cristianismo también existe una profunda relación entre el Espíritu Santo, sin el cual nada podría tener vida, y el aliento. En la enseñanza de Buda se dice que el aliento, en sanscrito prana, es «el vehículo de la mente», puesto que es el prana lo que hace que nuestra mente se mueva. Así, cuando se aquieta la mente por medio del trabajo hábil con la respiración, al mismo tiempo y de forma automática se doméstica y entrena la mente. Lo hemos experimentado todos, cuando la vida se llena de tensiones, lo relajante que puede ser quedarnos unos minutos a solas y limitarnos a respirar profunda y calmadamente. Incluso este ejercicio tan sencillo puede sernos de gran ayuda. 

Por consiguiente, al meditar respire con naturalidad, como lo hace siempre. Concentre ligeramente su atención en la espiracion. Al espirar, déjese ir con el aire que sale hacia fuera. Cada vez que suelta el aire, se afloja y se libera de todo aferramiento. Imagínese que su aliento se disuelve en la extensión de la verdad que todo lo abarca. Cada vez que espire, y antes de volver a inspirar, comprobara que aparece una pausa natural a medida que se disuelve el aferramiento. Repose en esa pausa, en ese espacio abierto. Y cuando vuelva a tomar aire, de un modo natural, no se concentre especialmente en la inspiración, sino siga reposando su mente en ese hueco que se ha abierto.